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ESPECIAL ELECCIONES: Déficit cero y desigualdades sociales

Zapatero empezó el año proclamando a los cuatro vientos que el ejercicio 2007 se cerraba con un superàvit presupuestario cercano al 2% del PIB. El dato se daba como un gran hito económico y como una demostración de buena gestión y buen funcionamiento de la economía española. El gobierno de Zapatero, con Pedro Solbes al frente de la gestión económica, ha hecho suyos los postulados de la ortodoxia neoliberal en cuanto al gasto público, en una clara derrota ideológica de la socialdemocracia española.

Hay que recordar que los esquemas de rigor presupuestario que aplican los países de la Unión Europea vienen dados por los llamados criterios de convergencia del Tratado de Maastricht, consolidados en el Pacto de Estabilidad y que, entre otros preceptos, obliga a los Estados de la Eurozona a mantener el gasto público por debajo del 3% del PIB. Como escribía Vicenç Navarro el pasado octubre en Le Monde Diplomatique, estos criterios responden a posicionamientos políticos, sin que todavía se haya encontrado fundamentación científica a los postulados que promueven.

Pero, además, la aplicación de estos criterios en función de la ola conservadora en que nos encontramos ha sido todavía más radical, y la mayoría de los Estados apuestan por el déficit cero y, en casos como el español, incluso por contener el gasto por debajo de las posibilidades recaudatorias, dando superávit al cerrar el ejercicio, más allá de las trampas contables que hace el gobierno, mezclando recaudación impositiva y cotizaciones de la Seguridad Social.

Mayor desigualdad social

Esta lectura estrecha de los criterios de convergencia es un golpe mortal para el Estado del Bienestar, que, además, se agrava con una bajada en las recaudaciones fruto de las continuadas bajadas de impuestos. Como reconocía el profesor Navarro, el aumento de las rentas del capital, la disminución de las rentas del trabajo, la dispersión salarial, la regresión fiscal y la disminución del gasto público social han aumentado las desigualdades sociales en los Estados de la UE-15. En efecto, las diferencias entre clases aumentan, ya que los ricos son más ricos porque aportan menos, y las clases trabajadoras y populares se encuentran en situaciones más precarias, dada la falta de políticas activas y de subvenciones derivadas de la falta de recursos.

Y todo esto, en un contexto de crecimiento económico; si, como indican algunos estudios, entramos en un ciclo de recesión económica, las desigualdades crecerán todavía más y, fruto de la falta de recursos, tendremos menos instrumentos para hacerle frente. Confiar los sistemas de redistribución de la renta y de bienestar social exclusivamente al crecimiento económico es un error que, además, se manifiesta como tal justamente en los peores momentos, en momentos de crisis, que es cuando más necesitamos estos instrumentos.

Hay que enderezar la política económica saliendo de la ortodoxia economicista del crecimiento y volver a apostar por la inversión pública como instrumento para la igualdad social. Se trata de volver a pensar en la economía al servicio de las personas, y no al revés: las personas al servicio del capital.

Toni Salado

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