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ESPECIAL ELECCIONES: Se presenta el último informe del Seminario Taifa

Tenemos tan asumido que la necesidad más extrema y la opulencia más desvergonzada son dos caras de la misma moneda, que la noticia nos deja indiferentes. Del último informe sobre el Seminario de Economía Crítica Taifa se desprende, entre otras cosas, que la riqueza es el contrapunto de la pobreza

Mientras que con una cierta resignación aceptamos que la pobreza forma parte de una capa más extensa de la sociedad, nos damos cuenta de que algunas empresas y, por tanto, algunos empresarios, incrementan sus beneficios escandalosamente. Los números, que son altos por arriba y por abajo, han conseguido dejarnos indiferentes. En el informe número 4 del Seminario de Economía Crítica Taifa se analizan las causas de estos desajustes que, año tras año, hacen que la distancia entre los más pobres y los más ricos sea mayor y, sobre todo, que la riqueza se concentre en menos personas.

Las causas son variadas. En primer lugar, entre 1995 y 2004, aunque estadísticamente la participación en los salarios se mantuvo constante, alrededor del 54% del PIB, se tuvo que repartir entre más trabajadores, porque la población activa se incrementó del 81 al 85% en el mismo período. Este hecho produjo una tendencia a la homogeneización salarial y al empeoramiento de las condiciones de los trabajadores más pobres, aunque los beneficios del capital crecieron desde el mínimo del 25% del PIB en 1967 hasta casi el 40% en 2006.

La capacidad adquisitiva de los ciudadanos ha menguado porque los salarios reales están estancados desde 1980, a pesar de que las jornadas anuales en España son de las más altas de Europa. La disminución del salario real en un 4% en la última década ha ido acompañada de un incremento de los precios de los bienes de consumo. En 2003, las familias españolas gastaron un 18% del gasto total en alimentación; en bebidas, un 2,2%, y un 36,5% en vivienda. Pero el incremento del IPC de algunos de los productos de primera necesidad ha perjudicado a las personas con menor poder adquisitivo, ya que consumen productos con más inflación, como alimentación y alquiler. Esta mengua de la capacidad adquisitiva se ha visto agravada por la disminución del gasto social del Estado en España, que está estancado y partía de una protección social insuficiente, a pesar del elevado crecimiento económico de las dos últimas décadas. Por otra parte, la intensificación del déficit social ha empobrecido a las familias.

Beneficios empresariales

Lo que no se ha mantenido constante en el período 2001-2005 son los beneficios empresariales. El estudio analiza los tres sectores más significativos y con más influencia de la economía del país –el financiero, el energético y el de infraestructuras, construcción e inmobiliarias–, así como otro de grandes empresas diversas. De la investigación, que sólo usa datos oficiales de la Bolsa y la contabilidad de las empresas –con lo que ello representa de rebaja en las cifras de beneficios–, se desprende que en el sector financiero las diez principales empresas obtuvieron una tasa media de beneficios del 16,9%; las siete empresas más grandes del sector energético llegaron a una tasa de 13,78%, y a un 17,06% las de infraestructuras, construcción e inmobiliarias. Además, estos beneficios casi se han duplicado en el período 2001-2006, pasando del 11,78% al 20%. Los beneficios tienen nombres y apellidos; en el sector financiero destacan el BSCH y el BBVA, que entre 2000 y 2005 acumularon un beneficio de 19.428 y 18.464 millones de euros respectivamente; y La Caixa, con un incremento de beneficio del 85,44% del año 2004 al 2005. Algunas empresas de la construcción también son representativas de estos incrementos, como Ferrovial, que en 2002 aumentó sus beneficios en un 101,54%; Colonial, en un 164,70%, y Metro-vacesa, en un 87% en 2005.

Una de las causas de este fuerte aumento de la ganancia empresarial es la concentración creciente de la riqueza por empresas y sectores productivos. Entre tres y cinco empresas controlan el mercado en la mayoría de los sectores, produciéndose una situación de competencia oligopolista. La compra y venta de las empresas, más que la misma producción, se ha convertido en un procedimiento para obtener beneficios sustanciosos.

Gemma Cortabitarte
Miembro del Seminario de Economía Crítica Taifa

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ESPECIAL ELECCIONES: Déficit cero y desigualdades sociales

Zapatero empezó el año proclamando a los cuatro vientos que el ejercicio 2007 se cerraba con un superàvit presupuestario cercano al 2% del PIB. El dato se daba como un gran hito económico y como una demostración de buena gestión y buen funcionamiento de la economía española. El gobierno de Zapatero, con Pedro Solbes al frente de la gestión económica, ha hecho suyos los postulados de la ortodoxia neoliberal en cuanto al gasto público, en una clara derrota ideológica de la socialdemocracia española.

Hay que recordar que los esquemas de rigor presupuestario que aplican los países de la Unión Europea vienen dados por los llamados criterios de convergencia del Tratado de Maastricht, consolidados en el Pacto de Estabilidad y que, entre otros preceptos, obliga a los Estados de la Eurozona a mantener el gasto público por debajo del 3% del PIB. Como escribía Vicenç Navarro el pasado octubre en Le Monde Diplomatique, estos criterios responden a posicionamientos políticos, sin que todavía se haya encontrado fundamentación científica a los postulados que promueven.

Pero, además, la aplicación de estos criterios en función de la ola conservadora en que nos encontramos ha sido todavía más radical, y la mayoría de los Estados apuestan por el déficit cero y, en casos como el español, incluso por contener el gasto por debajo de las posibilidades recaudatorias, dando superávit al cerrar el ejercicio, más allá de las trampas contables que hace el gobierno, mezclando recaudación impositiva y cotizaciones de la Seguridad Social.

Mayor desigualdad social

Esta lectura estrecha de los criterios de convergencia es un golpe mortal para el Estado del Bienestar, que, además, se agrava con una bajada en las recaudaciones fruto de las continuadas bajadas de impuestos. Como reconocía el profesor Navarro, el aumento de las rentas del capital, la disminución de las rentas del trabajo, la dispersión salarial, la regresión fiscal y la disminución del gasto público social han aumentado las desigualdades sociales en los Estados de la UE-15. En efecto, las diferencias entre clases aumentan, ya que los ricos son más ricos porque aportan menos, y las clases trabajadoras y populares se encuentran en situaciones más precarias, dada la falta de políticas activas y de subvenciones derivadas de la falta de recursos.

Y todo esto, en un contexto de crecimiento económico; si, como indican algunos estudios, entramos en un ciclo de recesión económica, las desigualdades crecerán todavía más y, fruto de la falta de recursos, tendremos menos instrumentos para hacerle frente. Confiar los sistemas de redistribución de la renta y de bienestar social exclusivamente al crecimiento económico es un error que, además, se manifiesta como tal justamente en los peores momentos, en momentos de crisis, que es cuando más necesitamos estos instrumentos.

Hay que enderezar la política económica saliendo de la ortodoxia economicista del crecimiento y volver a apostar por la inversión pública como instrumento para la igualdad social. Se trata de volver a pensar en la economía al servicio de las personas, y no al revés: las personas al servicio del capital.

Toni Salado

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