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ESPECIAL ELECCIONES: La izquierda útil

Los períodos electorales son momentos de intensificación de la lucha de clases. El conjunto de la sociedad se moviliza y el debate político gana presencia. Las fuerzas políticas que objetivamente representan los intereses de una minoría con privilegios necesitan conseguir el apoyo electoral de la mayoría de la población. Por eso, intentan situar el debate en un terreno que les sea favorable, como el identitario o el del miedo a lo diferente. Eso, cuando no niegan directamente la existencia de derecha e izquierda, y aseguran que sólo hay buenas o malas gestiones de unas reglas del juego que vienen dadas.

Por este motivo, una de las primeras tareas de los y las comunistas durante una campaña electoral consiste en poner en primer plano los problemas y las reivindicaciones más sentidas de los trabajadores y las trabajadoras. Hay que situar el debate en las condiciones del trabajo, en el coste de la vida, en los servicios públicos de calidad, cuestiones ante las cuales a la derecha se le hace difícil esconder su carácter de clase.

Si nos centramos ahora en las próximas elecciones generales, no es ningún secreto que en las últimas contiendas la izquierda transformadora ha sufrido los efectos del bipartidismo. Si añadimos la substancial desmovilización social en comparación con cuatro años atrás, es evidente que habrá que intensificar los esfuerzos para conseguir una representación parlamentaria consistente de la coalición ICV-EUiA en Catalunya y de Izquierda Unida en todo el Estado. La izquierda transformadora debe demostrar que es realmente la izquierda útil y, para conseguirlo, vale la pena tener presentes los siguientes elementos.

En primer lugar, hay que mantener el carácter ampliamente unitario, con el objetivo de una Segunda Transición en el Estado español. Sigue siendo necesario debilitar a las clases más reaccionarias, que fundamentan su enriquecimiento en la especulación, y modernizar en los ámbitos económico, social y cultural las estructuras del Estado. En este sentido, una ofensiva clara contra la corrupción colocaría a estos sectores sociales en peores condiciones y contribuiría a la disminución de aquella parte de la abstención que proviene de la desconfianza hacia la política.

En segundo lugar, la elaboración de unas prioridades programáticas realistas y aplicables es una buena noticia para dar concreción a los objetivos genéricos de desarrollo de los derechos sociales y de transformación del modelo económico. Con estas propuestas, la izquierda puede demostrar que, además de ideas con buenas intenciones, también tiene la capacidad para llevarlas a la práctica. Al mismo tiempo, es una buena oportunidad para demostrar que, ante los problemas que la inmensa ,mayoría de la población ha sufrido en los últimos tiempos (aumento de las hipotecas, precariedad y siniestralidad en el trabajo, servicios ferroviarios y energéticos deficientes), desde las fuerzas progresistas no se mira hacia otro lado, sino que se asume la responsabilidad de proponer soluciones.

La tercera pata ineludible es el esfuerzo de movilización. Por un lado, porque otro buen remedio ante las crecientes tasas de abstención es la organización estable de la sociedad civil: el voto debería ser un acto más que un ejercicio habitual y protagonista de la participación. Por otro lado, porque la izquierda que quiere ser útil a las clases populares, y que está penalizada por la actual ley electoral, no puede renunciar de ninguna manera a movilizar a su amplia base social potencial para contrarrestar una correlación de fuerzas parlamentaria y mediática desfavorable. No hacerlo significa autocondenarse a tener que jugar siempre a la elección del mal menor.

Ahora toca hacer campaña y trabajar para que después del 9 de marzo haya más comunistas y más izquierda plural en el Senado y en el Congreso de los Diputados.

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ESPECIAL ELECCIONES: “No permitiremos la investidura de Rajoy”

Gaspar Llamazares afronta la cita del 9 de marzo con la convicción de que Izquierda Unida es “la fuerza del cambio de izquierdas”, decisiva en el nuevo mandato. Los ejes de su programa tocan, entre otros temas, la reducción de la temporalidad laboral, el reconocimiento del derecho a la vivienda, la redistribución de la renta y la reforma de la ley electoral y de la ley de financiación de las Haciendas Locales


Por qué es IU la izquierda útil?

Con nuestro peso en la sociedad y en el Grupo Parlamentario IU-ICV, hemos sido una fuerza decisiva en la aprobación de leyes progresistas, conformando en torno a ellasuna mayoría de izquierdas. Muchos de sus contenidos no hubieran sido posibles sin nuestro impulso y otras llevan el sello indeleble de IU. Baste mencionar la ley de Memoria Histórica, la ley del Suelo, la ley de Dependencia, el Estatuto de Ciudadanía Española en el Exterior, la que facilita el ejercicio de la Iniciativa Legislativa Popular o la que condiciona la Subcontratación en el sector de la Construcción. Nuestra utilidad queda demostrada en innumerables medidas concretas que afectan a la vida diaria de la ciudadanía, como fue el caso, por ejemplo en los presupuestos para 2008, de los 100 millones de euros conseguidos para la educación infantil y los 37 millones asignados a la inspección laboral. Al mismo tiempo, IU ha forzado el debate en temas de gran significación social, ecológica y política, como ha sido el caso de la corrupción urbanística, la separación entre el Estado y la Iglesia, el derecho de voto de los inmigrantes, el rechazo a la energía nuclear, la reforma de la ley del aborto, el derecho a una muerte digna, la renta básica ciudadana o la necesidad de un Pacto incluyente de las fuerzas democráticas por la Paz y la Libertad, frente al Terrorismo. La utilidad de IU se mide también en las conquistas sociales que hemos conseguido con nuestra participación activa en los gobiernos de Cataluña, Asturias y Euskadi, y en la gobernación municipal demostrada en decenas de Ayuntamientos de nuestro país.


¿Cuáles han sido las causas del estancamiento del cambio político?

La victoria relativa del PSOE hizo posible el programa de cambio que millones de personas habían construido en años de movilizaciones contra la derecha extrema y sus políticas. Fue IU quien siempre estuvo en la calle, protestando contra el desastre del Prestige, contra el abandono de la educación pública, contra el Plan Hidrológico, apoyando la huelga general contra la política laboral y, en la última fase, contra la guerra de Irak y las mentiras del PP por el 11-M. Y en ese bloque movilizador el PSOE e IU caminaron junto a los sindicatos y los movimientos sociales. El comienzo de la legislatura pareció indicar que el PSOE había entendido el mensaje. Pero cuando el PP y sus aledaños mostraron los dientes, las encuestas hicieron temblar sus convicciones. El Gobierno empezó a mirar al tendido de derechas y buscó alianzas ambidextras: a diestro en lo económico y a izquierdas en lo social. Y en la última fase, salvo excepciones como la ley de Memoria Histórica, la trompeta tocó a repliegue general, como hemos visto en la confrontación con la jerarquía eclesiástica o en la cruzada antiaborto. El resultado en esta última fase ha sido el aplazamiento del cambio social y ambiental, con los pactos con el PP y los nacionalistas de derechas, especialmente con CiU, que han frenado en seco toda veleidad de cambio. Lo más surrealista es que el PSOE bracea con desesperación para ocupar el centro político y se esfuerza por ganar la confianza de los sectores que nunca apoyarán el cambio.

¿Qué criterios se han seguido a la hora de apoyar o rechazar políticas del gobierno que contenían algunos aspectos contradictorios con el ideario de IU?

Nuestra iniciativa parlamentaria se ha apoyado en nuestro programa y en las demandas de los sindicatos y otras organizaciones progresistas, desde el impulso de la dirección de IU federal, de EUiA, y de las propias Federaciones. Hemos mantenido en todo momento el diálogo, la negociación y el acuerdo en todo cuanto ha sido concordante con nuestro programa, y nos hemos distanciado de las decisiones consideradas negativas, como quedó patente con nuestra oposición a la Constitución Europea y nuestro rechazo a la reforma fiscal, a la reforma laboral, a los vuelos de la CIA o a la intervención militar en Afganistán.

¿En caso de que los votos de IU sean determinantes para investir de nuevo a Rodríguez Zapatero, cuáles serán las exigencias mínimas para hacerlo?

En ningún caso permitiremos, por activa o por pasiva, la investidura de Rajoy, que supondría un peligro para el Estado social, la criminalización del adversario y un retorno al pasado del nacional-catolicismo. IU se presenta a las elecciones del 9 de marzo como la fuerza del cambio de izquierdas, que aspira a ser decisiva en el nuevo mandato. Para ser de izquierdas, el programa de un nuevo gobierno tiene que contar con nuestras propuestas básicas. Nuestras exigencias mínimas pasarían, entre otras, por la reducción de la temporalidad laboral, el reconocimiento del derecho universal a la vivienda, con un ambicioso programa de promoción pública de la vivienda en alquiler; la redistribución de la renta, con un aumento sustantivo del salario mínimo y de las pensiones; la generalización de la educación infantil de 0 a 3 años; la financiación suficiente de la ley de Dependencia; la reforma de la ley de financiación de las Haciendas Locales y la reforma de la ley electoral en un sentido justo y proporcional y un profundo avance hacia el Estado aconfesional, el federalismo y la paz.

¿En qué consiste la refundación de IU de la que ha hablado durante las últimas semanas?

Los ejes esenciales son cuatro: la participación horizontal, de la que las primarias han sido un ejemplo; la apertura al mestizaje con las organizaciones de la izquierda transformadora y alternativa; la síntesis programática que incorpore los valores del movimiento obrero y los movimientos sociales; y una nueva cultura de la diferencia y la gestión del desacuerdo interno. ¿Podríamos decir que en estos momentos se está dando en IU un debate entre la política de pronunciamientos y la política de intervención? Pienso que no es así. En todo caso, se trataría de epifenómenos. El fondo del debate está en la negativa de algunos dirigentes a reconocer los resultados de las Asambleas Federales y su incapacidad para permitir que IU despliegue todo su potencial mediante el ejercicio legítimo de su soberanía como formación política. Tengo la seguridad de que, al final, la cordura y la apertura prevalecerán sobre las actitudes más cerradas. Las bases se han pronunciado en las primarias y sus orientaciones serán decisivas en la próxima Asamblea.

¿Qué significa en la práctica que IU ha de ser un movimiento sociopolítico?

Los metales puros son los más frágiles. Las aleaciones son más resistentes. La diversidad genera un potencial expansivo si mantiene su cohesión. Al conjugar programa, pluralidad y movimiento, IU ha innovado políticamente desde su nacimiento. Su vocación ha sido ofrecer nuevas formas de hacer política, de construcción permanente del programa y de articulación del potencial transformador que generan las contradicciones del sistema. Nuestra capacidad de izquierda no la medimos solamente con nuestro discurso. Debe medirse también por nuestra voluntad de articular fuerzas políticas y sociales capaces de transformar la realidad, portadoras de esperanza, de una utopía con los pies en el suelo.

En Europa se están dando experiencias similares a la de IU, de unidad programática entre fuerzas de izquierdas de tradiciones diferentes. ¿En qué nos pueden ayudar ejemplos como el de Die Linke o el de La Sinistra/ L'Arcobaleno?

Ambos son procesos envidiables, desde un punto de vista democrático y de inteligencia estratégica. Si la izquierda alternativa pretende superar el consenso social-liberal que actualmente gobierna a Europa, es fundamental la articulación de sus distintas corrientes políticas, sociales y culturales en torno a propuestas capaces de movilizar a los sectores populares y, en primer lugar, a la juventud. En la creación de Die Linke ha predominado la racionalidad y el pragmatismo. En la construcción de La Sinistra/ L’Arcobaleno, el instinto de supervivencia. Pero en ambos procesos subyace la ambición de convertirse en fuerzas de lucha y de gobierno, abandonando toda tentación de repliegues dogmáticos y sectarios, que sólo llevan a la derrota, la melancolía y la agonía.

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