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ESPECIAL ELECCIONES: “Las izquierdas están perdiendo su identidad”

Vicenç Navarro, catedrático de Políticas Públicas de la Universitat Pompeu Fabra, atesora una carrera cosmopolita que, desde el exilio, le llevó a Suecia, Gran Bretaña y Estados Unidos. Desde su experiencia, hoy nos da su visión (autorizada) de los vicios y virtudes de las izquierdas en Catalunya y España

Ahora que nos acercamos al final de la legislatura, ¿cómo calificaría la política social y económica que ha llevado a cabo el PSOE en los últimos cuatro años?

La política social del gobierno del PSOE ha sido de tipo socialdemócrata, en el sentido de expandir los derechos sociales. La ley de Dependencia, de una enorme importancia, es un ejemplo. El gran problema ha sido la política económica, que se ha caracterizado por ser un freno al crecimiento del gasto público, que ha dificultado el desarrollo de las políticas sociales. Así, por ejemplo, la financiación de la ley de Dependencia es, sin duda, insuficiente.

¿Cuáles son actualmente los principales problemas de las clases trabajadoras?

La disminución de la capacidad adquisitiva, resultado de un descenso salarial. En España se están creando más puestos de trabajo con salarios bajos que salarios medios y altos. Pero, además de este dato preocupante, existe otro: los salarios altos y medios están creciendo mucho más lentamente que antes.

¿El endeudamiento de las familias apunta a un colapso o sigue siendo un mecanismo hábil del capitalismo para que los trabajadores crean tener más poder adquisitivo del que sus salarios les permiten?

El crecimiento del endeudamiento es una consecuencia del punto anterior, es decir, del descenso de los salarios. Naturalmente, hay otros factores que contribuyen a esta circunstancia, como por ejemplo los bajos intereses. Pero el descenso de la capacidad adquisitiva de la clase trabajadora es una causa muy importante de este aumento del crédito.

¿Es correcto afirmar que en el Estado español cada vez hay menos trabajadores y más clases medias?

Si a la población española se le pregunta si pertenece a la clase alta, media o baja, contestará en su mayoría que es de clase media. De tales encuestas se deriva la percepción, ampliamente promovida por las fuerzas conservadoras, de que la mayoría de la población se define como clase media. Es de lamentar, por cierto, que el Govern d’Entesa aun publique estas encuestas de opinión popular utilizando estas categorías de clase alta, media y baja. Me parece incluso insultante que se refiera a un sector de la población, a la clase trabajadora, como clase baja. Ahora bien, si se pregunta a la población si pertenece a la burguesía, pequeña burguesía, clase media o clase trabajadora, la gran mayoría se define como clase trabajadora. Y este porcentaje no ha disminuido. Naturalmente, la estructura social cambia constantemente y, con ella, la composición de cada clase, incluyendo la de la clase trabajadora. De manera creciente, esta clase se está feminizando y está basada cada vez más en servicios. Pero el porcentaje de la población que trabaja en puestos de trabajo supervisados, con un gran contenido repetitivo y manual (utilizando el criterio del mayor analista de las estructuras sociales que existe hoy, Erik Olin Wright), ha ido aumentando en lugar de disminuir.

¿Cree que las izquierdas están jugando un papel de transformación estructural en el marco del Estado español o se limitan a gestionar con una sensibilidad más progresista?

Las izquierdas están perdiendo su propia identidad y su propia capacidad de análisis y respuesta. Esto está muy claro en Catalunya y en España, donde, frente al nacionalismo catalán y español, que ocultan interés de clase, las izquierdas no están ofreciendo otra ideología ni otra narrativa. He vivido en muchos países durante mi largo exilio, y es sorprendente que en España y Catalunya los dirigentes de los partidos políticos de izquierdas no usen el término clase trabajadora. Parece como si lo considerasen un término anticuado, olvidando que estas categorías son categorías científicas. Un término científico puede ser antiguo sin ser anticuado. La ley de la gravedad es un concepto antiguo, pero no es anticuado. Si no creen en él, que salten de un cuarto piso y lo verán. Pues bien, olvidar esto es saltar al vacío, que es lo que les está pasando a las izquierdas en Catalunya y en España. Las derechas tienen una conciencia de clase muy arraigada y se comportan exitosamente en los espacios financieros, mediáticos y políticos para defender sus intereses de clase. Ved, si no, las políticas públicas del PP y CiU. Las izquierdas deberían desarrollar una conciencia de clase con unas prácticas, discursos y cultura alternativos basados en la defensa de las clases populares.

¿Cómo debería articularse la unidad de acción entre las diferentes fuerzas de izquierdas y las organizaciones sociales?

El movimiento antiglobalización tiene limitaciones muy significativas basadas en un error de análisis. Susan George y Naomi Klain, por ejemplo, interpretan un mundo donde los Estados-nación han desaparecido, substituídos por las multinacionales, que gobiernan el orden mundial. El enemigo es la globalización. Esta perspectiva, que se encuentra también en el análisis de Eric Hobsbawn, es profundamente erróneo y crea una parálisis política. ¿Qué pueden hacer países como Catalunya y España ante la globalización? Los Estados-nación continuarán jugando un papel clave. No se entiende la General Motors sin entender su relación con el gobierno federal de Estados Unidos, o la telefonía, o Repsol sin entender su relación con el Estado español. Lo que pasa es que cada país depende primordialmente de las relaciones de poder existentes en cada país. Los bajos salarios en España tienen poco que ver con la globalización. Suecia es el país más globalizado de Europa y tiene los salarios más altos, y esto se debe a la fuerza de las izquierdas en este país. En España, las izquierdas son muy débiles, y aquí está la causa de un salario bajo, del escaso desarrollo del Estado del Bienestar y de las grandes limitaciones del sistema democrático, tal como documenta mi libro El subdesenvolupament social d’Espanya (El subdesarrollo social de España).

Sandro Macarrone

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ESPECIAL ELECCIONES: “No permitiremos la investidura de Rajoy”

Gaspar Llamazares afronta la cita del 9 de marzo con la convicción de que Izquierda Unida es “la fuerza del cambio de izquierdas”, decisiva en el nuevo mandato. Los ejes de su programa tocan, entre otros temas, la reducción de la temporalidad laboral, el reconocimiento del derecho a la vivienda, la redistribución de la renta y la reforma de la ley electoral y de la ley de financiación de las Haciendas Locales


Por qué es IU la izquierda útil?

Con nuestro peso en la sociedad y en el Grupo Parlamentario IU-ICV, hemos sido una fuerza decisiva en la aprobación de leyes progresistas, conformando en torno a ellasuna mayoría de izquierdas. Muchos de sus contenidos no hubieran sido posibles sin nuestro impulso y otras llevan el sello indeleble de IU. Baste mencionar la ley de Memoria Histórica, la ley del Suelo, la ley de Dependencia, el Estatuto de Ciudadanía Española en el Exterior, la que facilita el ejercicio de la Iniciativa Legislativa Popular o la que condiciona la Subcontratación en el sector de la Construcción. Nuestra utilidad queda demostrada en innumerables medidas concretas que afectan a la vida diaria de la ciudadanía, como fue el caso, por ejemplo en los presupuestos para 2008, de los 100 millones de euros conseguidos para la educación infantil y los 37 millones asignados a la inspección laboral. Al mismo tiempo, IU ha forzado el debate en temas de gran significación social, ecológica y política, como ha sido el caso de la corrupción urbanística, la separación entre el Estado y la Iglesia, el derecho de voto de los inmigrantes, el rechazo a la energía nuclear, la reforma de la ley del aborto, el derecho a una muerte digna, la renta básica ciudadana o la necesidad de un Pacto incluyente de las fuerzas democráticas por la Paz y la Libertad, frente al Terrorismo. La utilidad de IU se mide también en las conquistas sociales que hemos conseguido con nuestra participación activa en los gobiernos de Cataluña, Asturias y Euskadi, y en la gobernación municipal demostrada en decenas de Ayuntamientos de nuestro país.


¿Cuáles han sido las causas del estancamiento del cambio político?

La victoria relativa del PSOE hizo posible el programa de cambio que millones de personas habían construido en años de movilizaciones contra la derecha extrema y sus políticas. Fue IU quien siempre estuvo en la calle, protestando contra el desastre del Prestige, contra el abandono de la educación pública, contra el Plan Hidrológico, apoyando la huelga general contra la política laboral y, en la última fase, contra la guerra de Irak y las mentiras del PP por el 11-M. Y en ese bloque movilizador el PSOE e IU caminaron junto a los sindicatos y los movimientos sociales. El comienzo de la legislatura pareció indicar que el PSOE había entendido el mensaje. Pero cuando el PP y sus aledaños mostraron los dientes, las encuestas hicieron temblar sus convicciones. El Gobierno empezó a mirar al tendido de derechas y buscó alianzas ambidextras: a diestro en lo económico y a izquierdas en lo social. Y en la última fase, salvo excepciones como la ley de Memoria Histórica, la trompeta tocó a repliegue general, como hemos visto en la confrontación con la jerarquía eclesiástica o en la cruzada antiaborto. El resultado en esta última fase ha sido el aplazamiento del cambio social y ambiental, con los pactos con el PP y los nacionalistas de derechas, especialmente con CiU, que han frenado en seco toda veleidad de cambio. Lo más surrealista es que el PSOE bracea con desesperación para ocupar el centro político y se esfuerza por ganar la confianza de los sectores que nunca apoyarán el cambio.

¿Qué criterios se han seguido a la hora de apoyar o rechazar políticas del gobierno que contenían algunos aspectos contradictorios con el ideario de IU?

Nuestra iniciativa parlamentaria se ha apoyado en nuestro programa y en las demandas de los sindicatos y otras organizaciones progresistas, desde el impulso de la dirección de IU federal, de EUiA, y de las propias Federaciones. Hemos mantenido en todo momento el diálogo, la negociación y el acuerdo en todo cuanto ha sido concordante con nuestro programa, y nos hemos distanciado de las decisiones consideradas negativas, como quedó patente con nuestra oposición a la Constitución Europea y nuestro rechazo a la reforma fiscal, a la reforma laboral, a los vuelos de la CIA o a la intervención militar en Afganistán.

¿En caso de que los votos de IU sean determinantes para investir de nuevo a Rodríguez Zapatero, cuáles serán las exigencias mínimas para hacerlo?

En ningún caso permitiremos, por activa o por pasiva, la investidura de Rajoy, que supondría un peligro para el Estado social, la criminalización del adversario y un retorno al pasado del nacional-catolicismo. IU se presenta a las elecciones del 9 de marzo como la fuerza del cambio de izquierdas, que aspira a ser decisiva en el nuevo mandato. Para ser de izquierdas, el programa de un nuevo gobierno tiene que contar con nuestras propuestas básicas. Nuestras exigencias mínimas pasarían, entre otras, por la reducción de la temporalidad laboral, el reconocimiento del derecho universal a la vivienda, con un ambicioso programa de promoción pública de la vivienda en alquiler; la redistribución de la renta, con un aumento sustantivo del salario mínimo y de las pensiones; la generalización de la educación infantil de 0 a 3 años; la financiación suficiente de la ley de Dependencia; la reforma de la ley de financiación de las Haciendas Locales y la reforma de la ley electoral en un sentido justo y proporcional y un profundo avance hacia el Estado aconfesional, el federalismo y la paz.

¿En qué consiste la refundación de IU de la que ha hablado durante las últimas semanas?

Los ejes esenciales son cuatro: la participación horizontal, de la que las primarias han sido un ejemplo; la apertura al mestizaje con las organizaciones de la izquierda transformadora y alternativa; la síntesis programática que incorpore los valores del movimiento obrero y los movimientos sociales; y una nueva cultura de la diferencia y la gestión del desacuerdo interno. ¿Podríamos decir que en estos momentos se está dando en IU un debate entre la política de pronunciamientos y la política de intervención? Pienso que no es así. En todo caso, se trataría de epifenómenos. El fondo del debate está en la negativa de algunos dirigentes a reconocer los resultados de las Asambleas Federales y su incapacidad para permitir que IU despliegue todo su potencial mediante el ejercicio legítimo de su soberanía como formación política. Tengo la seguridad de que, al final, la cordura y la apertura prevalecerán sobre las actitudes más cerradas. Las bases se han pronunciado en las primarias y sus orientaciones serán decisivas en la próxima Asamblea.

¿Qué significa en la práctica que IU ha de ser un movimiento sociopolítico?

Los metales puros son los más frágiles. Las aleaciones son más resistentes. La diversidad genera un potencial expansivo si mantiene su cohesión. Al conjugar programa, pluralidad y movimiento, IU ha innovado políticamente desde su nacimiento. Su vocación ha sido ofrecer nuevas formas de hacer política, de construcción permanente del programa y de articulación del potencial transformador que generan las contradicciones del sistema. Nuestra capacidad de izquierda no la medimos solamente con nuestro discurso. Debe medirse también por nuestra voluntad de articular fuerzas políticas y sociales capaces de transformar la realidad, portadoras de esperanza, de una utopía con los pies en el suelo.

En Europa se están dando experiencias similares a la de IU, de unidad programática entre fuerzas de izquierdas de tradiciones diferentes. ¿En qué nos pueden ayudar ejemplos como el de Die Linke o el de La Sinistra/ L'Arcobaleno?

Ambos son procesos envidiables, desde un punto de vista democrático y de inteligencia estratégica. Si la izquierda alternativa pretende superar el consenso social-liberal que actualmente gobierna a Europa, es fundamental la articulación de sus distintas corrientes políticas, sociales y culturales en torno a propuestas capaces de movilizar a los sectores populares y, en primer lugar, a la juventud. En la creación de Die Linke ha predominado la racionalidad y el pragmatismo. En la construcción de La Sinistra/ L’Arcobaleno, el instinto de supervivencia. Pero en ambos procesos subyace la ambición de convertirse en fuerzas de lucha y de gobierno, abandonando toda tentación de repliegues dogmáticos y sectarios, que sólo llevan a la derrota, la melancolía y la agonía.

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